Pese a los esfuerzos del gobierno mexicano por rescatar a la petrolera estatal, la empresa duplica sus pérdidas durante el 2019.

La petrolera más endeudada del mundo continúa en caída libre. De poco han servido las promesas de López Obrador, Pemex sigue generando pérdidas que lastran el desempeño de la economía mexicana y que han dejado sus activos a la altura del bono basura.

Según el último informe presentado por la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), durante el 2019 la petrolera estatal registró pérdidas por valor de 18.367 millones de dólares, un 92% más de lo que ya se dejó el año anterior. Las cifras que se han dado a conocer corresponden al primer año completo de López Obrador, quien insiste en seguir apostando por la resurrección de una empresa que, a día de hoy, continúa en la UCI.

“Estamos cerrando uno de los años más complejos en la historia reciente de Petróleos Mexicanos. Los resultados que aquí se presentan están determinados aún por la inercia y los rezagos de los últimos años”, aseguró Alberto Velázquez, director corporativo de Finanzas de Pemex. Prácticamente todos los indicadores rescatados por la BMV están dibujados en rojo. Comparando las cifras con las del 2018, este año los ingresos han caído un 16,5%, las ventas nacionales un 17,5%, las exportaciones un 15,3% y la producción de crudo un 7,6%.

El gobierno solo puede aferrarse a dos cifras para defender su gestión: la reducción de importación de gasolina y diésel, que se ha recortado en un 12% y 26% respectivamente, y la reducción de la deuda, “el gran reto” como lo definió Velázquez y que han logrado recortar un 4,8% en el último año, hasta situarse en 105.200 millones de dólares. Para Ramón Carlos Torres, ex coordinador Ejecutivo de Planeación Petroquímica de Pemex y académico de la UNAM, la elevada carga impositiva sobre la petrolera dificulta la gestión de la deuda: “las cifras son el resultado de una tendencia acumulada y deteriorante que se ha extendido por más de 15 años. Si Pemex está hoy tan endeudada es porque hace tiempo que no puede cumplir sus obligaciones con el fisco”.

Otro de los ingredientes que deterioran la salud de Pemex es “la sobreexplotación de sus reservas petrolíferas y la falta de inversión en nuevos puntos de extracción”, según explica Torres. La reforma energética impulsada por Enrique Peña Nieto permitió la entrada de empresas privadas que no solo aportaban inversión, si no también una tecnología más avanzada que facilitaba el hallazgo de nuevas reservas petrolíferas, sin embargo, López Obrador ha preferido dejar a un lado esta estrategia para apostar por el rescate público de Pemex.

En tiempos de bonanza, la petrolera estatal tenía un gran peso en las finanzas públicas: era el mayor creador de empleo, financiaba el 20% del presupuesto nacional y había colocado a México como el cuarto productor de petroleo en todo el mundo. Hoy sin embargo, la situación es bien diferente. Sus viejas refinerías operan a un tercio de su capacidad y la producción está en mínimos históricos que relegan al país azteca al puesto número once del ranking. Al ritmo actual, según calcula Torres: “En 7 años habremos agotado todas las reservas existentes y el problema es que, aunque sabemos que hay más recursos, no los podremos explotar en el corto plazo”.

Al margen de la excesiva deuda, de la falta de inversión y de la caída del precio del crudo, México enfrenta otro reto particular: el robo de combustible. Esta práctica ilegal y peligrosa provocó pérdidas a la empresa, entre el 2014 y el 2018, superiores a los 5.000 millones de dólares. El pasado mes de enero, Octavio Romero, director general de Pemex, aseguró que en el último año se ha reducido un 91% las pérdidas por esta práctica, aunque varios expertos le acusaron de maquillar las cifras.

Ante este escenario claramente deficitario, Torres plantea dos posibles soluciones para Pemex: “o se liquida la empresa o se hace una importante reestructuración financiera, mientas esto no se haga va a naufragar continuamente”. Durante el análisis de resultados, el director corporativo de la empresa quiso frenar el alarmismo y recordar que el “plan de negocios se estableció un periodo de transición de tres años. El primer año estuvo dedicado a resolver los problemas estructurales (…) A partir de este año, 2020, iremos consolidando estas iniciativas para alcanzar hacia finales del año el equilibrio financiero”.

No obstante, mientras la apuesta del gobierno mexicano empieza a surtir efecto, los resultados negativos de la compañía continúan lastrando las finanzas públicas del país. Según confirmó el Instituto Nacional de Geografía y Estadística, la merma de la empresa durante el 2019 equivale a un 2,7% del PIB y, de no contabilizarse el sector petrolero, la economía mexicana habría crecido un 0,4% en lugar de contraerse un 0,1%.

 

Noticia propuesta por FUNDIGEX – Asociación Española de Exportadores de Fundición

 

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