Las grandes guerras y las epidemias tienen en común, desde el punto de vista económico, que arrasan con el capital humano, pero mientras las primeras destruyen activos productivos, las segundas se cargan la inversión y disparan el ahorro, provocando efectos muy distintos a largo plazo, según un reciente estudio publicado por la Reserva Federal de San Francisco. Los investigadores destacan que las epidemias han deprimido durante décadas la rentabilidad real de los activos y hundido los tipos de interés naturales, que terminan afectando al precio del dinero. Históricamente, España e Italia lo han pasado mucho peor que economías como la alemana o francesa. La buena noticia de la investigación es que el coronavirus dejará margen fiscal suficiente para echar mano de bonos de guerra y paliar la crisis económica.

Para los investigadores una vez superada la crisis transitoria que causa una pandemia, se producen desviaciones significativas en un horizonte temporal de entre 10 y 20 años para los tipos de interés. La necesidad de inversión disminuye por la escasez de mano de obra y por otro lado se produce un shock en el ahorro. La tasa de ahorro sube durante los siguientes años a medida que surgen nuevos motivos de precaución o simplemente para reemplazar la riqueza perdida utilizada durante el pico de la calamidad. Esta situación es demoledora para los tipos de interés, que terminan por los suelos.

Y ha sido así desde la peste negra del Siglo XIV. Murieron alrededor de 75 millones de personas entre 1331 y 1353, provocando un profundo cambio económico, social y político. La falta de mano de obra desembocó en revueltas de los campesinos por todo el continente al exigir mejores salarios a los señores feudales. La más conocida fue el Gran levantamiento de 1381 en Inglaterra y aunque todas fracasaron cambiaron las reglas del juego. Prácticamente se abolió el régimen de esclavitud que reinaba en la baja Edad Media. Los propietarios de grandes tierras estaban desesperados por encontrar trabajadores que labraran y cultivaran sus campos. Según el economista e historiador Gregory Clark, la epidemia redujo la oferta de mano de obra entre un 25% y un 40%, lo que provocó que los salarios entre las clases pobres crecieran un 100%. Estos porcentajes se tradujeron en mayores sueldos, pero también en menos horas de trabajo y libertad para elegir al señor a quien servir.

La peste negra dejó una lección importante, la economía se reequilibra a costa de los rendimientos de capital. Los activos más comunes de la época se depreciaron con fuerza. La rentabilidad de la tierra de cultivo pasó del 8% al 5% por el incremento de los costes laborales, según el experto. Cuando todavía es imposible calibrar el desastre económico que provocará el coronavirus en las economías, los investigadores de la Fed de San Francisco Òscar Jordà, Sanjay R. Singh y Alan M. Taylor han analizado el impacto que tuvieron epidemias pasadas teniendo en cuenta los salarios en un estudio para la Reserva Federal de San Francisco. Constatan el incremento de salarios, pero van más allá y hallan que la mejora se prolonga durante décadas.

El mismo ejercicio lo hacen con las doce pandemias que más muertes han provocando desde la peste negra. Los sueldos suben progresivamente hasta alcanzar un pico de un 5% aproximadamente tres décadas después de la epidemia.

Durante décadas los retornos de capital quedan deprimidos
Por contra, descubren que la depresión en los tipos son seguidas por períodos sostenidos, durante varias décadas, de retornos de rentabilidad de inversión muy bajos, debido al exceso de capital que se queda en menos manos, y al incremento del ahorro como medida de prevención o para recuperar parte de la riqueza agotada.

La novedad del estudio es que se centra sobre el impacto que han tenido las pandemias a muy largo plazo, recogiendo las experiencias de doce crisis sanitarias históricas, incluida la gran peste de Londres del s. XVII, las plagas de cólera del XVIII, la gripe española de principio del siglo XX, o la reciente gripe aviar en Asia. Las actuales previsiones están enfocadas a corto plazo. Muchas casas de análisis ya vaticinan caídas en picado del PIB de más del 10% para EEUU y sobre el 15% para la mayoría de las economías europeas y que termine todo en una recesión limitada. Pero los autores señalan que apenas hay precedentes para establecer un cuadro económico cuando la actividad comercial mundial entra en coma inducido.

A la conclusión que llegan es que todas las plagas dejaron una larga secuela que tarda en desaparecer décadas. Los académicos utilizan en su estudio la tasa de interés natural para medir los efectos a largo plazo que han tenido las pandemias en las economías europeas. A grandes rasgos se podría definir como el punto de equilibrio entre salarios y precios para que una economía se encuentre equilibrada. Este concepto les sirve a los autores, utilizando datos disponibles de sueldos y activos, como un barómetro útil de las fluctuaciones a largo plazo del dinamismo económico. Para la política monetaria también es una herramienta esencial. La teoría económica apunta a que la fijación de los tipos de interés se tienen que fijar cerca de la tasa natural para lograr que el PIB, el empleo y la inflación se sitúen en el nivel óptimo para que la economía crezca sin desequilibrios.

 

Noticia propuesta por FUNDIGEX – Asociación Española de Exportadores de Fundición

 

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