Guivisa cumplió 70 años fundiendo piezas e la misma ubicación de Basauri en 2019. Uno podría asociar ideas y pensar que llevan siete décadas haciendo lo mismo. No es así. La trayectoria de la compañía recoge un esfuerzo continuado de adaptación a nuevos productos y mercados desde su nacimiento en 1949 a impulso de Iberduero y con el nombre de Guipúzcoa Vizcaya SA. El director ejecutivo de Guivisa, Rafael de la Peña, que sustituyó al frente del proyecto a su padre, Luis, recuerda que la compañía “prácticamente se ha debido reinventar cada década”. Iberduero buscó en su fundición de Basauri un camino para superar los problemas de obtener suministros para sus proyectos de infraestructuras eléctricas durante el periodo autárquico, por lo “que fundía todo tipo de piezas y materiales en Basauri.

La normalización económica y la especialización animó a la compañía eléctrica a vender la sociedad: “Mi padre y otros socios privados compraron la empresa a Iberduero en 1955”. La primera decisión fue especializar la fundición en acero y en piezas de hasta 5 toneladas para el suministro a los gigantes de la época: Astilleros Españoles, AHV o Babcock Wilcox.

Sin embargo, la gran transformación del proyecto para Rafael de la Peña se produjo “el 7 de julio de 1977. En esa fecha realizamos la primera exportación a Hamburgo, para el sector naval. Eran unas piezas para el amarre de los contenedores a los barcos. De Basauri salieron camiones y camiones para Alemania que nos evitaron las crisis de los siguientes años”. Pero en la industria, no se sabe el motivo, siempre surge algún imprevisto: “En 1983, las inundaciones estuvieron a un paso de hundir la empresa. El agua anegó hasta 5,5 metros de altura y ocasionó unas pérdidas de 200 millones de pesetas. Sacamos 2.500 toneladas de lodo en un mes. “Mi padre planteó la posibilidad de dejar el negocio, o de traspasarme toda la responsabilidad a mí”. Rafael de la Peña asumió el reto y Guivisa encontró en Alemania, de nuevo, la vía de escape: “En 1984 empezamos a fundir bujes eólicos para Enercom. Entonces eran molinos de 250 kW. Cambiamos todas las líneas de producción, incluyendo un nuevo horno de 10 toneladas, que duplicaba la capacidad de nuestra mayor unidad anterior, además sumamos otros clientes eólicos como MADE”.

Cuando la fundición marchaba viento en popa, en los noventa, el acero perdió la batalla eólica de precios con la fundición nodular. Guivisa se adaptó por partida doble: “Llegamos al acuerdo con MADE para construir una fundición de nodular en Burgos, que en 2005 nos la adquirió Gamesa; mientras que la fábrica de Basauri “abrió mercado en las estructuras para construcción civil gracias a nuestra posición en Alemania, cimentado con dos agentes locales excepcionales y unos cuantos miles de kilómetros realizados todos los años en automóvil”. A través de ingenierías germanas, Guivisa colocó sus piezas en los nuevos estadios de Maracaná, Hamburgo, Hannover, Frankfurt o Shalke 04 o en los aeropuertos de Colonia y Stuttgart.

Hasta 2010 no sufrieron el huracán de la crisis. “La más dura y prolongada de nuestra historia”. Un obstáculo que han vuelto a superar con la diversificación “al offshore y al ferrocarril, que nos ha permitido elevar la exportación el 85% de las ventas, con Alemania como mercado de referencia”.

Ahora, 70 años más tarde, Guivisa afronta un nueve relevo generacional y la inversión en un nuevo campo industrial. Algunos dirán que hacen lo mismo que en 1949… Sí, rehacen la empresa todos los días.

 

Fuente: Empresa XXI

 

Noticia propuesta por FUNDIGEX – Asociación Española de Exportadores de Fundición