EL RETO ÉPICO DE LOS INGENIEROS CONTRA LAS BORRASCAS Y LAS OLAS GIGANTES

El equipo de ingenieros de Iberdrola que afronta la instalación del parque de eólica marina Wikinger en el Mar Báltico, frente a las costas de Alemania, está pasando con buena nota la activación de un proyecto con grandes desafíos tecnológicos.

Es un reto épico. Con un ojo en las previsiones meteorológicas, porque las borrascas y las olas muy altas paralizan los trabajos en alta mar, las terminales de Iberdrola en el Puerto de Mukran no paran una sola hora. A los muelles llegan estos días por barco las estructuras de los aerogeneradores desde las dos plantas en Alemania de Adwen, filial de Siemens Gamesa.

Las palas y las torres, de dimensiones gigantescas, además de los nacelles y los bujes, se apilan a unos metros del agua salada, para su posterior embarque en un buque de la naviera Fred Olsen, con una grúa especial y uno de los pocos del mundo con capacidad para manipular unos equipos que pesan de 150 a 350 toneladas cada uno. La coordinación de esta logística la realiza sobre el terreno un grupo de ingenieros de Adwen dirigidos por el navarro Miguel Lacalle.

El barco tarda 24 horas en trasladar 35 kilómetros mar adentro a estos gigantes. El anclaje de las 70 plataformas que los sustentan, conocidas como jackets, concluyó hace meses. Los jackets están atornillados al lecho submarino, a más de 60 metros de profundidad, tras emplear un sistema de burbujas que mitigó el ruido, para no molestar a las especies marinas de la zona.

También se posó hace tiempo el cable submarino que conecta las turbinas con la subestación, así como la conexión de esta con tierra, para evacuar la energía del parque renovable. Ese paso y la posterior distribución en el mercado germano le corresponde ya a un tercero, en concreto al operador del país 50 Hertz.

Cuando llega el barco a la zona marina de Wikinger, quedan otras 24 horas para conseguir instalar una turbina. Serán 70 cuando terminen los trabajos, a finales de octubre próximo, según el calendario de trabajo, que acumula algún retraso por el mal tiempo.

Más de 20 aerogeneradores se perfilan ya en el horizonte, tras superar tormentas y otros problemas meteorológicos, como la ola de frío polar que azotó esta zona del Báltico en enero de este año.

En tierra trabajan 550 profesionales y en el área marítima de Wikinger un barco acoge como hotel a otros cien, para que los especialistas no pierdan tiempo en los traslados desde tierra. Hay una flota permanente de buques en torno a los aerogeneradores para garantizar la seguridad de los técnicos, en previsión de accidentes o de caídas al agua.

Los traslados de personal a la subestación, denominada Andalucía y construida por Navantia en Puerto Real (Cádiz), se realizan por helicóptero, puesto que Andalucía alcanza un altura superior a los 60 metros por encima de la lámina de agua del Báltico.

El ingeniero vasco Estanislao Rey-Baltar es el director del proyecto. Su afición a la navegación le ahorra los mareos en la complicada tarea de comprobar en medio de las olas la implantación de los aerogeneradores.

La donostiarra Patricia Salamanca, jefa de la oficina del proyecto, también forma parte de su equipo. Desde Iberdrola, están asimismo involucrados en este desafío Rafael Vara (project manager de Wikinger), Álvaro Martínez Palacios (director de operaciones), y Javier García Pérez (director de negocio).

En pleno Mar Báltico y navegando junto a los aerogeneradores, este combinado de ingenieros traslada su satisfacción por la marcha de los trabajos, seguida atentamente desde Torre Iberdrola, en Bilbao, por Xabier Viteri, director del negocio de renovables de Iberdrola. En una charla a sotavento del buque, los comentarios hacen referencia a la prudencia con el que encararon los retos de este proyecto, además en Alemania. Esos temores se han disipado, a la vez que se han ganado el respeto de los colaboradores germanos.

Wikinger es el primer complejo off shore que el grupo que preside Ignacio Galán encara en solitario. Para su precedente, el de West of Duddon Sands (Wods) en el Mar de Irlanda, contó con el apoyo de la corporación danesa Dong. Ambos invirtieron más de 1.800 millones en una explotación que desde octubre de 2014 genera 389 MW, el equivalente al consumo de energía eléctrica de 300.000 hogares británicos.

Ahora es el turno de Wikinger, que tendrá 350 MW de capacidad. Está en juego una inversión de 1.400 millones. A cambio, el complejo renovable evitará la emisión a la atmósfera de 600.000 toneladas de CO2 al año y cubrirá durante décadas el suministro eléctrico de 350.000 hogares del Estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, del que es originaria la canciller Angela Merkel.

Si la bandera verde de Iberdrola ondea desde el año pasado en Sassnitz, la localidad de la isla de Rügen a la que pertenece el Puerto de Mukran, próximamente lo hará en el Mar del Norte.

La multinacional que dirige Ignacio Galán implantará allí el mayor parque de eólica marina del mundo, con una inversión de 3.000 millones para lograr una generación de 714 MW, capaz de cubrir la demanda de energía de medio millón de hogares británicos.

El complejo renovable ocupará en la mar una extensión de 300 kilómetros cuadrados, equivalente a tres veces la superficie de Barcelona. Los siguientes pasos en off shore de Iberdrola serán por Francia y Estados Unidos.

 

Noticia propuesta por FUNDIGEX – Asociación Española de Exportadores de Fundición

 

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