“A LAS ADMINISTRACIONES NO LES ATRAÍA LA FUNDICIÓN, PERO AHORA SE NOS CONSIDERA UNA INDUSTRIA DE VALOR”

El empresario vizcaíno Rafael de la Peña acumula 40 años de actividad profesional en la fundición de acero vizcaína Guivisa, así como casi tres décadas en responsabilidades sectoriales como presidente de la asociación de fundidores FEAF y dos décadas como presidente de la agrupación de exportadores de fundición Fundigex. Tras esta dilatada trayectoria, ha decidido apartarse de la primera fila en la gestión sectorial y traspasar el testigo. En declaraciones a EMPRESAXXI, se muestra especialmente satisfecho “por la alta competitividad alcanzada por el sector de la fundición, al nivel de los mejores” y por “el cambio en la imagen. Ya se nos percibe como un grupo generador de riqueza, situación que décadas atrás no se daba”.

– Asumió la presidencia de la FEAF y de Fundigex con la peseta y la deja con el euro y Europa consolidada. ¿Qué ha cambiado en estos años en la fundición?
– Todo. Al principio eran momentos incipientes en el que las fundiciones empezaban a salir al exterior, en el que se realizaban las primeras exportaciones y en el que las instalaciones eran precarias. Aunque cueste reconocerlo, la situación era un poco tercermundista. Hoy en día, nuestras fundiciones se encuentran entre las más competitivas del mundo. Es un sector robusto, competitivo y muy exportador. Se empezó a vender fuera en la década de los ochenta, un poco más fuerte en la de los noventa y ahora estamos en unos índices medios muy destacados, entre el 60 y el 70 por ciento. En Guivisa, en concreto, empezamos unos años antes. La primera exportación la hicimos el 7 de julio de 1977, a Alemania. Hace 40 años. Y hay que reconocer que exportar te exigía mucho, pero al mismo tiempo te hacía mirar al cliente y al producto con ojos diferentes. Aprendías muchísimo de temas de calidad, seguridad y medioambiente. Aunque se hubiese perdido dinero en aquellas exportaciones, que era el caso, ya que se ganaba mucho, deberíamos haberlo considerado como una inversión en conocimiento.

– El hecho cierto es que sólo en la crisis iniciada en 2008, el sector de la fundición ha perdido una quinta parte de su empleo, porcentaje que crecería de forma importante si nos remontamos a épocas anteriores. ¿Ese ha sido el coste de la adaptación? ¿Ahí se ha comprobado el desfase industrial?
– Ha sido Darwin. La evolución. El que hizo bien las cosas sobrevivió y el que las hizo mal pereció. Me acuerdo de los planes de reconversión industrial de los ochenta y noventa y cómo las empresas que apostaron por mercados buenos sobrevivieron. Por ejemplo, en los años setenta, antes de empezar yo, en Guivisa sólo había tres clientes importantes: Astilleros Españoles, Babcock Wilcox y Altos Hornos de Vizcaya. Gran parte de la industria en los años setenta era eso. Te fallaba uno de esos clientes y cerrabas.

– ¿En principio, el cambio de situación registrado en las últimas décadas, le hace ser más optimista de cara al futuro que cuando asumió las presidencias de FEAF y Fundigex?
– Sin ninguna duda, somos unas empresas muy competitivas. Pero seguimos teniendo amenazas importantes. Desde mi punto de vista, se habla mucho de China, pero creo que la fundición turca es y será una competencia durísima. Es un país que produce mucha fundición y muy bien, y con una fuerza en el mercado tremenda. Hay otros países que conocen el mundo liberal y capitalista, pero los turcos han estado todos trabajando en fundiciones alemanas, conocen su tecnología y los mercados.

– ¿Qué otros temas se presentan peligrosos?
– Los temas de seguridad y medioambiente pueden ser un importante problema, porque para la fundición son tremendos en sus consecuencias, especialmente si las reglas no son las mismas para todas las empresas. Por ejemplo, en 2017, se ha declarado producto cancerígeno el formaldehído, que está presente en los aglomerantes para las arenas de fundición. Curiosamente, la trasposición de la norma europea a la legislación española y vasca es mucho más rigurosa que en Alemania y en otros países de la UE. Las fundiciones estamos obligadas a aplicar todos los protocolos establecidos (tiempos de trabajo, vestuario, zonas restringidas, etc.) a pesar de que los parámetros de ese producto, con el 0,07 o 0,08 por ciento, pueden ser inferiores a los de una terraza de bar en la que se fuma y a que quedan muy por debajo de la tasa del 0,37 fijada como peligrosa por la normativa europea. En Alemania, como las fundiciones tienen tasas como las nuestras, muy inferiores a las calificadas de peligrosas, no se les exige aplicar los protocolos establecidos, con la ventaja que ello supone.

– ¿Teme nuevos problemas en este campo?
– Todavía no se ha aprobado, pero no se descarta que la sílice de las arenas también se catalogue como producto cancerígeno en 2018. Es un proyecto de ley europeo con graves consecuencias para el sector al ser una materia prima base de toda la activad fundidora. ¿Qué protocolos se aplicarán y cómo se establecerán en cada país? No se sabe. Para las arenas de sílice no existen alternativas y las medidas a aplicar son una incógnita para todos, pero con el agravante de que, atendiendo a la experiencia, las medidas que se aprueben en España y en el País Vasco podrán ser más restrictivas que las alemanas. He visitado muchas fundiciones alemanas y puedo asegurar que las medidas son inferiores a las nuestras. Si todos cumpliésemos con los mismos protocolos no habría problema, pero jugar en partido con distintas normas, que es lo que está ocurriendo, nos debilita.

– ¿Este es un tema tan preocupante como los precios de la energía para el sector de la fundición?
– Igual. Las empresas de fundición reciclamos y reutilizamos hasta el 95 por ciento de las arenas, pero tenemos que introducir un 5 por ciento de arenas nuevas. Si al 5 por ciento que viertes, le tienes que dar un tratamiento de producto cancerígeno, el cambio será muy profundo, tanto en los propios sistemas de fabricación como en el tipo de instalaciones que se requerirán para acoger el residuo. Por ejemplo, en Alemania esas arenas se utilizan de relleno en las carreteras, algo que ya no será posible. Todas las empresas tendremos que poner medios que impactarán en la rentabilidad. Y con el hecho más que probable de que los competidores extraeuropeos no aplicarán estas medidas.

– ¿El tema de la tarifa eléctrica cómo evoluciona?
– El pacto PP-PNV para racionalizar el coste de enganche para las empresas conectadas a redes de 30 kV ha mejorado la situación, aunque queda parte para su total aplicación en el 2018. En el caso de los fundidores la posición era menos dañina que en otros sectores porque, hay que recordarlo, nosotros creamos un pool de compra de energía que agrupa a más de un centenar de compañías. Hicimos los deberes y las empresas se han beneficiado en 2017 de unos mejores precios que pactamos en 2015. El problema puede ser el ejercicio 2018, pero es estancamiento del petróleo debe ayudar a que los precios se mantengan. Pero estratégicamente, como asociación, hemos funcionado bien.

– Tradicionalmente, se apunta a la dimensión de las empresas como lastre de la industria vasca. ¿En el caso de la fundición se ha reducido este déficit competitivo?
– Creo que no. No tenemos suficiente tamaño. Con Fundigex, la pequeña empresa tiene un paraguas que le lleva, organiza y empuja en la exportación e internacionalización. Pero nuestro tamaño sigue siendo reducido y claramente inferior en producción a las fundiciones alemanas.
Las alianzas o las confluencias no resultan sencillas. Tenemos cooperativas y empresas privadas que desconfían y se miran de reojo, lo que dificulta las fusiones y absorciones. Cuando en el sector se ha producido algún movimiento corporativo, ha sido cuando no ha habido más remedio. Por muerte, por inanición o porque no había otra salida. Se han dado por obligación. Muy pocas fusiones lo han sido por devoción, a pesar de que nuestro tamaño es muy reducido.

– ¿Sigue siendo un problema para atacar los mercados exteriores?
– Indudablemente.

– ¿Ahora que cierra una etapa de casi 20 años como presidente de Fundigex, cree que se ha avanzado en internacionalización suficientemente?
– Hemos hecho bien los deberes. Habría que matizar qué se entiende por internacionalización. Un asunto es la exportación, vender o comprar fuera, y otra la fabricación en el exterior. Es un tema muy amplio. Pero no se debe olvidar que esto no deja de ser un medio, no un fin en si mismo. Es importante, pero igual que el capital humano, las buenas instalaciones, o el clima laboral, que en el País Vasco es un problemón. Todas esas son variables de una ecuación que nos hará ser más o menos competitivos. Variables que, en todos los casos, tienen que funcionar.

– Pero desde fuera, sí da la sensación de que la internacionalización industrial de la fundición es baja respecto a otros sectores.
– Es cierto que pocos fabrican fuera. Pero también digo que no hay monedas con dos caras o con dos cruces. Todo tiene su parte buena y su parte mala. Todos conocemos muchas empresas que se han internacionalizado a Brasil o China y que el proyecto ha resultado muy complicado y deficitario. En muchos casos el afán de internacionalización fue una moda que a muchos les ha salido mal.

– ¿La internacionalización de la fundición parece más difícil?
– Resulta más complicado. En la mayoría de los casos no tenemos una dimensión suficientemente fuerte como para poner plantas en el extranjero. A nosotros, por ejemplo, si tuviéramos que poner una planta en Rumania, nos exigiría incrementar de forma importante nuestra estructura. Algo que con nuestros medios resultaría muy complicado.

– También es cierto que, desde fuera, se percibe el sector de la fundición como un negocio muy manufacturero y manual. ¿Es cierto?
– Por ejemplo, en el caso de la fundición para el sector de la automoción no deja de ser un mito. Las fundiciones de pieza seriada están hiperautomatizadas, son muy competitivas y de manual cero. Sí es cierto que luego está el otro mundo que trabaja para la maquina herramienta, el troquel. Ese grupo sí mantiene parámetros altos de actividad manual, pero en muchas ocasiones son empresas mucho más competitivas que compañías que necesitan más automatización. Tienen un capital humano y un conocimiento muy bueno… Y y ase sabe que las maquinas las puede comparar cualquiera. En el caso de la fundición, el capital humano que tenemos es fundamental.

– ¿Después de tres décadas en responsabilidades asociativas del sector de la fundición no le ha quedado la sensación de que se les ha mirado como un grupo poco atractivo, como se diría ahora de la vieja industria?
– Indudablemente. No hemos sido atractivos para las administraciones. Ha sido una de las barreras a superar. Recuerdo que en las primeras reconversiones éramos la industria que casi había que eliminar. Sin embargo, ahora, debe reconocerse que ya se nos considera como una industria que genera valor, mucha riqueza y que es competitiva. Pero al comienzo nos miraban siempre como el patito feo de la industria, en la que meter recursos no resultaba nada atractivo. Con trabajo hemos difuminado prejuicios y las administraciones nos perciben de forma muy diferente. Ahora en problema en el sector es encontrar personal cualificado que quiera trabajar en la fundición. A los ingenieros les atrae la aeronáutica, el mundo offshore, pero a la fundición no le ven atractivo. Este es un problema real. Nos falta capital humano formado en fundición. Las empresas debemos coger gente y empezar de cero, para que en dos o tres años empiecen a saber algo de fundición. Yo llevo 39 años y cada día me llevo más sorpresas.

 

Fuente: Empresa XXI