EE UU Y CHINA RECRUDECEN SU GUERRA COMERCIAL CON NUEVOS ARANCELES A LAS IMPORTACIONES

Este domingo entran en vigor nuevos aranceles suplementarios del 15% para los productos chinos en EEUU y de entre el 5 y el 10% para las importaciones estadounidenses en China.

Este domingo entran en vigor en Estados Unidos aranceles suplementarios sobre miles de millones de dólares en productos chinos, mientras el presidente Donald Trump se muestra determinado a conseguir un acuerdo comercial con Pekín. Esos aranceles adicionales de 15% recaerán sobre una parte de unos 300.000 millones de dólares en bienes chinos importados que hasta ahora no habían sido penalizados. Los nuevos gravámenes rigen desde las 00.01 horas, hora local (6.01 hora española).

Por su parte, China también ha puesto en marcha este domingo aranceles de entre el 5 y el 10 % a productos estadounidenses valorados en 75.000 millones de dólares (68.243 millones de euros). El Ministerio de Comercio de China lamentó que la nueva ronda de gravámenes arancelarios por parte de EEUU no sean la mejor atmósfera para las negociaciones comerciales.

Trump, en campaña para un segundo mandato, ha desestimado las numerosas advertencias por las potenciales repercusiones negativas de esta medida sobre la economía y los mercados. Los productos alcanzados incluyen alimentos como el ketchup, algunos cortes de carne vacuna, las salchichas, la fruta, las legumbres, la leche, los quesos, las especias y los helados.

También se aumentarán los aranceles a artículos deportivos como palos de golf, tablas de surf o bicicletas, así como los que afectan a instrumentos musicales, vestimenta deportiva, vajilla, muebles y hasta sillas para niños, de acuerdo con la lista oficial divulgada el viernes.

Según economistas del Peterson Institute for International Economics, un centro de reflexión de Washington, los nuevos aranceles afectaran a bienes por unos 112.000 millones de dólares, que se agregan a los más de 250.000 millones de dólares de productos chinos que ya han sido penalizados con gravámenes adicionales.

Una ronda final de nuevos aranceles, prevista para el 15 de diciembre, significaría que sobre fin de año la totalidad de las importaciones que provienen de China (unos 540.000 millones de dólares, si se toma en cuenta el monto de 2018) quedarán penados. La respuesta de Pekín prevé aumentar las tarifas aduaneras sobre 75.000 millones de dólares de productos estadounidenses.

Una postergación de la medida estadounidense es altamente improbable, sobre todo después de que Trump descartara esa eventualidad el viernes por la noche durante una conversación con periodistas. Sin embargo, el mandatario aseguró que se habían realizado contactos entre Washington y Pekín. “No puedo decir nada pero estamos hablando con China”, dijo. “Hay reuniones programadas, se están haciendo llamadas”, dijo. “Yo supongo que la reunión de septiembre se mantiene. No se ha cancelado. Veremos qué es lo que pasa”, agregó.

Hasta ahora, China no ha confirmado haber mantenido entrevistas o reuniones con EEUU.

 

¿CASTIGO AL CONSUMIDOR?
Desde marzo de 2018 Trump lleva a cabo una guerra de aranceles para imponer a Pekín un acuerdo que ponga fin a prácticas comerciales que Washington considera desleales, como las cuantiosas subvenciones que China concede a sus empresas estatales o la transferencia obligatoria de tecnología estadounidense.

La estrategia, hasta el momento, no ha resultado efectiva. Pekín se muestra inflexible y se niega a negociar bajo estas amenazas, pese a que el conflicto ha hecho mella en su economía. Una nueva escalada de aranceles pone en considerable riesgo el crecimiento económico del gigante asiático, ha advertido recientemente el Fondo Monetario Internacional (FMI). Y tras China, ha dicho el FMI en reiteradas ocasiones, toda la economía global sufrirá un deterioro.

En EEUU la guerra comercial ha ralentizado la expansión de la economía, pero Trump alega que sus medidas contra China “no son el problema”. Según el presidente, la culpa es de la política monetaria de la Reserva Federal, a la que Trump ataca con frecuencia muy duramente respecto a su manejo de los tipos de interés.

La incertidumbre sobre este conflicto comienza a afectar a las empresas que planean inversiones y también al estado de ánimo de los consumidores estadounidenses. Según una investigación de la Universidad de Michigan, la confianza de los consumidores registrada en agosto sufrió la caída más fuerte desde diciembre de 2012. “Los datos indican que el desgaste de la confianza de los consumidores debido a las prácticas arancelarias se ha consolidado”, reaccionó el viernes Richard Curtin, el economista que dirige esa encuesta bimensual.

El hecho de que determinados productos chinos típicos de las compras de Navidad no sufran un aumento de los aranceles antes del 15 de diciembre sugiere que la administración Trump podría albergar ciertos temores sobre el impacto de una nueva escalada.

Entre esos productos figuran los móviles y ordenadores portátiles, las videoconsolas, algunos juguetes, entre otros. En EEUU el consumo genera el 75% del crecimiento del PIB.

 

Noticia propuesta por FUNDIGEX – Asociación Española de Exportadores de Fundición

 

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